El perfume de Patrick SUSKIND
Extraído del libro de Umberto ECO "El vértigo de las listas"
En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible por el hombre
moderno, las calles apestaban a estiércol, los patios interiores a orina, los huecos de escalera a
madera podrida y excremento de ratas, las cocinas a col podrida y grasa de carnero, los aposen-
tos sin ventilación a polvo enmohecido, los dormitorios a sábanas gracientas por edredones húme
dos y al penetrante olor dulzón de los orinales.-
La chimenea a azufre, las curtielmbres a olores caústicos, los mataderos a sangre coagulada,
hombres y mujeres apestaban a sudor y ropa sucia, en sus bocas apestaban dientes infectados,
los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes a queso rancio, a leche
agria y tumores malignos.-
Apestaban los ríos, las plazas, las iglesias y el hedor se respiraba por igual en los puertos como
en los palacios, el campesino apestaba como el clérigo, el aprendiz como el maestro, tambien la
nobleza entera, como el rey y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno por
que en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por eso
no había ninguna acción humana ni creadora ni perniciosa, ninguna manifestación de vida espi-
ritual o en decadencia que no fuera acompañada por algún hedor.-


abril-ale dijo
El hombre que fue devorado por "amor". Precisamente lo q más odiaba.
Agustín, siempre un placer leerte.
Abrazos bárbaros y fraternos.
7 Abril 2010 | 08:00 AM